Pienso a veces?

Hoy caminando por la playa, he pisado una zona en la que me hundía más de lo normal. Mi cabeza ha asociado eso con las arenas movedizas…
Vas avanzando errante por la vida y sin previo aviso, te juega una mala pasada y te atrapan. Empiezas a moverte con dificultad, pero consigues avanzar de momento. Vas penetrando en terreno peligroso poco a poco, pero debes seguir avanzando como sea. No puedes volver atrás. No puedes quedarte quieto ya que la inestabilidad que hay bajo tus pies podría atraparte y estarías perdido. Tus fuerzas van menguando; ves el final, cada vez te queda menos que recorrer, pero te vas hundiendo más y más sin remedio. El fango te llega a las rodillas ya, y no hay ninguna buena rama a la que aferrarse. Intentas seguir, pero tu movilidad es bastante limitada. La tierra empieza a tragarte, ya está a la altura de tu cintura. Si gritas, puede ser que alguien te oiga y te ayude, pero por una causa desconocida que ni tu mismo entiendes, no lo haces. Sigue tu hundimiento. Ya estás con el cuello rodeado de pasta blandengue y grumosa. Sabes que el fin está cerca. ¿Tienes miedo? Aún estás a tiempo. Vaya, alguien se acerca y se te queda mirando. “Necesitas ayuda?” Pregunta. Pero no puedes responder porque tu boca ya no se asoma, no se ve.

Escribe un comentario