
Solo se oía la respiración rápida ,nerviosa, de miedo. Él esperaba junto a la cama, rígido, quieto, solo se movía su corazón, a la velocidad de un motor descontrolado.
El sudor era, en ese momento, su compañero, lo que más cerca estaba de él, el que en cualquier momento que se lo secara, volvería a aparecer. La iluminación era tenue, casi inexistente, pero su imaginación podía llegar a hacerle ver a la figura que aguardaba en otra habitación. La ventana que solo dejaba entrar un suspiro de luz, ahuyaba por el viento que la acariciaba, sin dejarle entrar.
Ella estaba segura del paso que iba a dar, pero aun así, le temblaban las manos, y las piernas las tenía rígidas, como si no pudiera dominarlas y no le dejaran ir hacia él. Se miraba en el espejo, se veía bella y madura, preparada para su primera vez. Giró sobre sí misma y dio el primer paso hacia el que sin duda sería el día mas importante de su vida. Abrió la puerta, su silueta se dibujaba en el marco, la respiración de ambos se aceleró, hasta tal punto, que se podía oír desde un extremo al otro de la casa.
La garganta se les secaba, y un nudo de miedo, o tal vez de pudor, no les dejaba mediar palabra, solo hablaban los ojos. Con paso lento, casi deslizándose por el frío suelo, se acercó a él, no podía hacer ni un solo movimiento, solo se limitó a observarla, a su musa, a su diva. La espera se hacía eterna, por eso decidió acercarse a ella, y que la distancia fuera menor. La tomó de la mano sudorosa, que previamente se había secado varias veces, pero como un torrente de agua, no cesaba de fluir, y con la otra le rozó la mejilla, de terciopelo, de seda, de niña.
Ella, bajó la mirada y se apoyó en su hombro, como quien no quiere ver lo que va a suceder, pero no se puede evadir lo que los dos han decidido, lo que los dos desean, unirse en cuerpo y alma. Rodeándola con sus brazos, siguen sin poder hablar, y poco a poco empieza a desabrocharle su vestido, que ella deja que haga, sin impedirlo. Mientras se despojan de sus prendas, se van acercando al filo de la cama, se sientan y se miran. Las pupilas han crecido, solo pueden ver un cuerpo desnudo y una virginidad mutua. Como si de una cámara lenta se tratara, van recorriendo el camino que se han propuesto hacer, sin prisas, estudiándose uno a otro, paseando sus manos por ese manjar, exquisito, que ya sin pudor, les deja empezar la aventura.
El aire sigue susurrando por la ventana, y la luz, eso, ya no les importa, porque ya se están viendo, se están tocando, se huelen, y se sienten. Las horas y los minutos pasan, pero ellos tienen el tiempo parado, y no les importa, solo han podido descubrir que sus cuerpos y sus mentes, desde hoy, han madurado y han conocido que hay algo más que un simple beso.
Una lágrima rueda por el rostro de ella, la línea de fuego ha sido sobrepasada, y ha sido duro, muy duro, también para él.